Desde hace unos años, la buena relación que une a la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) y la Sociedad Española de Farmacia Familiar, Clínica y Comunitaria (Sefac) — tiene su culmen en la celebración anual de un Congreso Médico-Farmacéutico. Un encuentro que, tras Madrid (2019) y Valencia (2020), celebra su tercera edición —virtual, a causa de la COVID-19— del 18 al 20 de mayo próximos—. EG ha juntado —también virtualmente— a los presidentes de ambas sociedades para hablar en torno a esta cita y los retos conjuntos de ambos colectivos. Y, por qué no, también de las trabas e ineficiencias del propio sistema a las que se enfrentan… E intentan sortear.

Pregunta. ¿Qué beneficios tiene la celebración de este tipo de encuentros multidisciplinares organizados conjuntamente por sociedades médicas y farmacéuticas?

José Polo (Semergen). El objetivo lo marcaron los anteriores presidentes —en alusión a José Luis Listerri por parte de Semergen y Jesús G. Gómez, de Sefac— al ‘crear’ este congreso y se mantiene desde la primera edición: propiciar la colaboración entre la farmacia comunitaria y los equipos de atención primaria. ¿Para qué? Para intentar mejorar la atención al paciente mediante protocolos conjuntos y, a su vez, integrar la farmacia comunitaria y sus profesionales en la AP, que se les tiene en parte ‘abandonados’ en esa asistencia al paciente desde la reforma del sistema sanitario. Y la farmacia aporta cercanía, conocimiento del paciente y la posibilidad de controlar al paciente crónico pluripatológico.

Vicente J. Baixauli (Sefac). Efectivamente, el objetivo es reforzar la colaboración y coordinación entre estos colectivos. La farmacia comunitaria está actualmente ‘fuera’ de las estructuras del SNS y eso complica la comunicación y el conocimiento oficial por los médicos de las labores asistenciales que se hacen ellas. Por tanto, una de las mejores formas de fomentar esta colaboración es organizar este tipo de encuentros.

P. Es la primera vez que este encuentro se celebra con ustedes como presidentes. Pero, como conocedores y asistentes de las anteriores ediciones, ¿cómo ha evolucionado esta cita?

J. P. Es una evolución muy positiva de la que estamos muy satisfechos. En especial, porque o bien de estas citas salen proyectos comunes que posteriormente desarrollamos o bien podemos presentarlos en el congreso.

V. B. Así es. Estas citas nos sirven, más allá de lo que se exponga en el programa, a conocernos mejor, saber que hacen otros colectivos compañeros y que este foro sirva para interactuar entre los grupos de trabajo conjuntos que tenemos abiertos ambas sociedades. En cada edición nos conocen más y sabemos mejor lo que hacemos cada colectivo. En la pandemia médicos y farmacéuticos estamos viendo los mismos errores, los mismos problemas… Y eso nos ayuda a orientar la formación y los proyectos comunes.

P. Este año la COVID impide ‘añadidos’ de toda edición presencial como la interacción directa, las “conversaciones de pasillos”, etc. Pero, por pensar en positivo, ¿qué se gana con una edición online?

V. B. Nuestras sociedades fueron las primeras el año pasado en ser capaces de adaptar sus congresos nacionales a ediciones online, y, como experiencias piloto, con éxito. Como aspecto positivo, las ediciones online fomentan una mayor asistencia, por todos aquellos que no pueden desplazarse in situ. Con este formato también tenemos la ventaja para el congresista del off line, de poder recuperar y visualizar las sesiones más allá de su horario de celebración.

J. P. La versión online es una necesidad, así que no queda más que resignarse y adaptarse. Es cierto que somos latinos y los congresos presenciales nos aportan esas otras cuestiones: interacciones, conversaciones… Pero los profesionales sanitarios estamos demostrando que sabemos aprovechar los formatos online.

Un momento de la entrevista conjunta (virtual) a los presidentes de Semergen y Sefac.

P. Más allá de afianzar esta colaboración entre colectivos, y también relacionado entre sí, entiendo que en este Congreso se prestará especial atención a las lecciones que ha dejado (sigue dejando) la COVID-19, ¿no?

V. B. Prestar atención a las lecciones… O, mejor dicho, a los errores que se han cometido en este tiempo, en especial en la gestión de los recursos. Desde el punto de vista del SNS, de las Administraciones e incluso de comportamientos sociales, creo que el aprendizaje ha sido por lo general escaso.

J. P. Creo que como sociedad sí hemos aprendido mucho en esta pandemia. Hemos adaptado medidas en nuestra rutina que se revelan necesarias: desde la protección, a la higiene, etc. Cuestión aparte son comportamientos individuales. Y como profesionales hemos ido aprendiendo a tratar la enfermedad, con grandes esfuerzos. Ahora bien, como dice Vicente, sí estoy de acuerdo que nuestras autoridades y responsables no han hecho caso a menudo de lo que recomendaban o pedían las sociedades científicas. En una reunión con la ministra le pedí que que escuchase la opinión de los profesionales, frente a que se nos diesen estrategias o protocolos ya hechos, en lectura única. Por ejemplo, desde Semergen siempre hemos promovido que se implicase directamente a las farmacias en las estrategias de cribado de casos.

P. ¿Queda la sensación de que toda la coordinación que ha habido entre farmacia comunitaria y médicos de AP en esta crisis ha sido por voluntariedad e iniciativa propia de estos colectivos, o sus entidades?

V. B. Sí, esa es la sensación. Un claro ejemplo: desde que irrumpió la pandemia, en Sefac hemos organizado 22 webinars. En todos ellos han participado profesionales médicos de Semergen. A ello se suma la elaboración de documentos conjuntos en torno a la pandemia, protocolos de actuación ante posibles derivaciones por síntomas compatibles con COVID-19… Las sociedades científicas hemos hecho muchas iniciativas colaborativas a voluntad propia y en total sintonía; hemos dado un paso adelante en esta crisis. Le hemeroteca está ahí. Poco más se nos puede pedir.

J. P. Estamos en una ‘guerra’ contra un virus, y todos debemos ir de la mano contra ese enemigo común y coordinar todos los recursos. Las sociedades profesionales lo hemos hecho con iniciativa, protocolos, formaciones conjuntas, investigaciones. Semergen y Sefac tienen claro cual es el enemigo común y cómo se debe ir de la mano. ¿Lo tienen otros tan claro? Probablemente, no.

P. Esta crisis ha revelado debilidades y necesidades del SNS. Pero habrá una etapa post-COVID en la que pueden mantenerse o irrumpir nuevas necesidades. ¿Unas de ellas son, y serán, el manejo coordinado de crónicos?

J. P. Sí. Por ejemplo, habrá que prestar atención al control y seguimiento del paciente ‘longCOVID’ que, a menudo, será también un paciente crónico pluripatológico. Por tanto, será un paciente complejo que requerirá coordinación entre niveles.

V. B. Totalmente de acuerdo. Probablemente, a medida que vaya disminuyendo la incidencia de la COVID-19 iremos viendo como aumentan las consecuencias de la COVID-19. La falta de atención a crónicos, la baja adherencia en estos meses, el escaso seguimiento… Se han centrado todos los esfuerzos y recursos en la lucha contra la COVID-19, pero el resto de las patologías siguen ahí. Las farmacias comunitarias pueden hacer mucho, incluso en hacer derivaciones eficientes o resolver síntomas menores, pero la realidad es que nos dejan hacer poco.

P. Es imposible analizar uno a uno los contenidos del Congreso. Una de las mesas, sobre salud digital, cuenta precisamente con ustedes como ponentes. ¿Tienen médicos y farmacéuticos herramientas tecnológicas a su alcance para fomentar una asistencia coordinada al paciente?

V. B. La salud digital es un libro que está por escribir más pronto que tarde. Uno de los posos que quedarán cuando se normalice la situación que vivimos es el desarrollo de las herramientas tecnológicas en la atención sanitaria. Habrá que implementar procedimientos basados en salud digital que permitan la atención, el control y seguimiento ‘a distancia’ ante posibles situaciones semejantes futuras. Por ejemplo, tanto desde los centros de salud como las farmacias hemos tenido que atender muchas llamadas por teléfono, en estos meses. Es un libro abierto y espero que los profesionales tengan la oportunidad de ser escuchados por la Administración en este desarrollo, porque seremos nosotros quienes las aplicaremos sobre el terreno.

J.P. En el ámbito de las herramientas tecnológicas se ha avanzado, pero seguimos teniendo muchas carencias. Una de ellas es la comunicación desde la consulta con la farmacia comunitaria en entornos urbanos, donde la relación no es tan estrecha o directa como en el ámbito rural. Por ejemplo, si no es telefónicamente, no tenemos posibilidad de comunicar datos en torno a la historia clínica, interacciones, alertas… Desde Sefac y Semergen se le ha repetido en numerosas ocasiones a las Administraciones la necesidad de potenciar la interconexión digital de datos de los pacientes en su beneficio y cumpliendo la protección de datos.

P. Para cerrar, ¿por qué deben sus compañeros asistir (virtualmente) a este III Congreso Médico-Farmacéutico?

V.B. La razón más importante, como ya se ha comentado, es la de seguir conociéndonos entre ambos colectivos y compartiendo retos y proyectos. Asimismo, es una forma de que otros colectivos y Administraciones vean que es posible colaborar entra profesiones para mejorar la atención al paciente. Este Congreso Médico-Farmacéutico es el mejor exponente de ello.

J. P. Como dice Vicente, para seguir conociéndonos, seguir avanzando y seguir mejorando la atención a nuestros pacientes.