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La Farmacia Hospitalaria es uno de los servicios menos visibles del hospital y uno de los que más sufre la sobrecarga asistencial generada por el coronavirus. Según Sanidad, las UCI están desbordadas en seis comunidades y a punto de sobrepasar el límite en otras tres. De momento, esa sobrecarga no se está traduciendo en un desabastecimiento franco de medicamentos. Ello se debe a los juegos de malabares que los farmacéuticos hospitalarios han abordado en la reorganización de sus funciones y que llevan a cabo en colaboración estrecha con otros profesionales sanitarios, con la industria farmacéutica y con la Aemps.

“Tensiones puntuales” en el suministro

El 27 de marzo, la Aemps reconoció que el incremento de la demanda de medicamentos utilizados en UCI está provocando “tensiones puntuales” en el suministro. Así ocurre incluso en la Comunidad de Madrid, la más afectada por el Covid-19. “A fecha de hoy [30 de marzo] no ha habido un desabastecimiento franco”,  explica a EG José Manuel Manuel Martínez Sesmero, jefe del Servicio de Farmacia del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Que el mercado está tensionando, como vienen alertando desde el Ejecutivo, es un hecho. Los juegos de malabares a los que se han visto abocados los farmacéuticos de hospital han permitido que el problema llegue a mayores. “Los cambios de presentaciones y de proveedor nos han hecho tener alternativa y adaptarnos a esa tensión”, explica Martínez Sesmero.

Así también lo confirma Miguel Ángel Calleja, jefe de Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla. Entre estas “tensiones puntuales”, este experto apunta a las sufridas por tocilizumab intravenoso, el midazolam o el cisatracurio. En éstos y otros casos la fortuna ha sido doble, según este experto. Por un lado se disponía de alternativas: anakinra para tocilizumab; rocuronio para el cisatracurio y ketamina, propofol o diazepam para el midazolam. Pero, además, siempre se contó con la colaboración interprofesional a la hora de plantear cambios en las pautas de tratamiento.

En Madrid, los más de 30 hospitales se han apañado hasta el punto de haber colaborado para garantizar que el nuevo Servicio de Farmacia del hospital de campaña de Ifema esté abastecido hasta que pueda ser autónomo. Martínez Sesmero no ahorra elogios para los profesionales de los hospitales, como para María José Calvo Alcántara, subdirectora de Farmacia del Sermas, y Ainhoa Aranguren, jefa de División de Planificación, Compras y Proyectos Farmacéuticos de Madrid, que es a la postre jefa del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital de Ifema.

El esfuerzo de la Aemps y de la industria

Lo cierto es que este reconocimiento tampoco es puntual. Si se trata de garantizar el suministro, además de los farmacéuticos hospitalarios es preciso hablar de la labor de las compañías farmacéuticas y de la Aemps.

Por ejemplo, el pasado día 27 la Aemps informaba de que “ya está en marcha la importación de unidades” de cisatracurio, midazolam y dexmedetomidina.  En la misma nota apuntaba que, ante problemas de suministro con azitromicina para administración intravenosa, se estaban ultimando las gestiones para “importar unidades como medicamento extranjero”.

Miguel Ángel Calleja es el jefe del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla.

Además de aportar recomendaciones para contribuir al uso de los medicamentos disponibles, la Aemps recordaba que “los laboratorios han aumentado la producción” de estos medicamentos. “Es una reacción coordinada de todos: desde la base hacia arriba, pero también desde la parte más alta hacia abajo”, resume Martínez Sesmero.  “Estamos viendo cómo las alertas de la Agencia sobre desabastecimientos y posibles alternativas llegan a tiempo. Está siendo un apoyo importante y sólido”, coincide Calleja. 

La reordenación de la FH

Pero, con todo, la sobrecarga es evidente, y los farmacéuticos hospitalarios han tenido que responder a la demanda con una reforma similar al resto de servicios: reordenando recursos y priorizando lo que es absolutamente necesario. Comentan los expertos que ahora mismo los Servicios están centrados en el coronavirus, en que los pacientes no vayan al hospital a por su medicación y en el hospital de día de oncología o preparación de medicamentos oncológicos, “lo único” —según Calleja— que no se ha visto afectado por la reordenación.

Este experto señala también cómo los farmacéuticos hospitalarios deben preparar fórmulas de preparados que no existen comercialmente, como puede ser la solución de hidroxicloroquina para los pacientes que no pueden deglutir, o de soluciones y suspensiones que han estado en falta, como pueden ser el alcohol en solución o la solución hidroalcóholica para desinfección de manos.

El caso del Clínico San Carlos

En el Clínico San Carlos de Madrid, los primeros cambios han llegado por el hecho, como explica su jefe de Servicio de Farmacia, de que “ya existen compañeros en cuarentena”. Estos recursos han tenido que se repuestos con agilidad. Pero, además, desde el punto de vista de la mera reorganización, el Clínico San Carlos es ya, salvo casos puntuales —los tratamientos antineoplásicos de oncohematología— un hospital eminentemente dedicado al Covid-19.

José Manuel Martínez Sesmero, jefe del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

A ello su suma que Madrid es una de las comunidades que tiene en las urgencias su punto caliente. Debido a ello, los farmacéuticos hospitalarios tienen a buena parte de su equipo coordinando y gestionando la cambiante política de antiinfecciosos en coordinación con el resto de profesionales (urgenciólogos, infectólogos, intensivistas…). Es aquí donde, según Martínez Sesmero, más se ha notado el trabajo de reorganización. Pero la respuesta ha implicado también potenciar el área de gestión: desde controlar más los stocks hasta los recuentos diarios, pasando por interminables llamadas a proveedores.

La telefarmacia está siendo otra pata importante del trabajo. Para evitar que el paciente se desplace al hospital, se han concretado consultas farmacéuticas a través del teléfono. Además de contratar un servicio de mensajería, el hospital ha montado un equipo de cinco voluntarios que en su tiempo libre va a casa de los pacientes a llevar la medicación y que, además, trabaja con asociaciones de pacientes y la Fundación ONCE para ampliar esta entrega a domicilio.

Y Martínez Sesmero no olvida la implicación de la actividad investigadora en el trabajo del farmacéutico de hospital. Precisamente el Clínico San Carlos se acaba de convertir en el primer hospital en adherirse a un ensayo clínico promovido por la OMS.

¿Qué pasará mañana?

En una crisis como ésta, que se mide por horas, es imprevislble conocer si el estado actual de abastecimiento del mercado podrá mantenerse. Lo único que se sabe con certeza es que se esperan más pacientes, que es posible que las UCI se desborden y que el consumo de medicamentos crezca aún más.

Pero la experiencia hasta ahora  permite abrigar esperanza al respecto. Calleja confía en que el propio curso de la enfermedad sea la clave temporal que permita hacer frente a posibles futuras crisis como hasta ahora. “Ha  habido momentos tensos, pero en unos pocos días se ha acabado resolviendo. Por eso creo que se podrá solventar bien el tema desde el punto de vista terapéutico”, concluye.

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