En verano, las altas temperaturas tienen una incidencia directa sobre la propiedad de muchos medicamentos y su actividad farmacológica. Esta circunstancia puede afectar a su calidad, eficacia y seguridad —de ahí las precauciones que ha de tener la conservación de los mismos—. Los farmacéuticos alertan sobre el riesgo que el calor tiene a la hora de tomar ciertos medicamentos porque, además de la apariencia, puede cambiar su correcta acción.

Existen cerca de 7.000 presentaciones de medicamentos que requieren de ciertas precauciones ante una ola de calor, según el Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCOF). La degradación química por la temperatura es una de las principales cuestiones que tiene en cuenta la industria farmacéutica, explica el Centro de Información de Medicamentos (CIM) del MICOF. En líneas generales, los medicamentos se formulan para que su acción y estabilidad se encuentre, como máximo, entre los 25 y 30ºC, salvo aquellos que requieren condiciones especiales de conservación.

Pero con la llegada de las altas temperaturas y las olas de calor, cada vez más frecuentes, se requiere poner una especial énfasis en esta particularidad. Es posible que el principio activo puede que no se vea alterado por el calor, pero sí la forma farmacéutica. Hecho que acarrea finalmente una alteración de las propiedades del principio activo que contienen y por tanto su actividad. “Los excipientes están formulados en un medicamento para facilitar la absorción y que llegue en las mejores condiciones a donde tiene que hacer su función”, explica Juan Enrique Garrido, vocal de oficina de farmacia del CGCOF. Si los excipientes fallan por problemas de fotoestabilidad, “la forma farmacéutica no tendría la función que debiera”, incide.

Por ejemplo, las cápsulas y supositorios se reblandecen y los comprimidos pueden volverse quebradizos. El calor puede alterar el emulgente que une las partes acuosas y oleosas de las cremas, pomadas o ungüentos. También puede haber cambios en la apariencia o el color. “Lógicamente estos cambios físicos dan a su vez problemas en la actividad al modificar en muchos casos la biodisponibilidad”, comentan desde el MICOF.

De entre las propiedades del medicamento que podrían verse afectadas encontramos: químicos, que pueden producir diversas reacciones (oxidación, reducción, hidrolisis, evaporación de disolventes, destrucción de sustancias…); físicos, que pueden alterar las propiedades originales (apariencia, uniformidad…); terapéuticos, que pueden modificar los efectos terapéuticos de los medicamentos; toxicológicos, que pueden producir cambios en la toxicidad al ser posible la formación de productos tóxicos: o microbiológicos, que favorecen la proliferación de microorganismos.

Precauciones a tener en cuenta

Los profesionales de la botica advierten de las precauciones que se deben tener en el uso de medicamentos frente a la exposición solar. Lo principal es que pueden aparecer reacciones de fotosensibilidad y fototoxicidad o fotoalergia, debido a radiaciones ultravioleta a dosis que habitualmente son inocuas, desencadenadas por ciertos fármacos (fotosensibilizantes). Según el CIM del MICOF, la fototoxicidad cursa con dolor y enrojecimiento, inflamación y algunas veces se presenta una decoloración marrón o azul grisácea en las áreas de la piel que han estado expuestas a la luz sola; por lo general se desarrolla en cuestión de horas. La fotoalergia cursa con enrojecimiento, descamación, prurito y a veces ampollas y manchas que parecen una urticaria; afecta a zonas no expuestas al sol y tardan entre 1-3 días en aparecer.

Las consecuencias que pueden ocurrir son alteraciones en la piel, quemaduras o reacciones alérgicas fuertes. Como señalan desde el COFM, este es el caso de protectores gástricos como el omeprazol, AINES (antiinflamatorios no esteroideos) como el ibuprofeno, algunas benzodiacepinas como el lorazepam y el diazepam y algunos antihipertensivos como el enalapril. “Lo más habitual es que se produzca una fototoxicidad, una reacción de fotosensibilidad de tipo no inmunológico, apareciendo un eritema parecido a una quemadura solar pudiendo producirse también edema, vesículas y ampollas”, detallan.

Además, según informa el Consejo General, los mecanismos por los que los medicamentos pueden agravar los efectos del calor se resumen en cuatro grandes grupos: funcionamiento del riñón (antiinflamatorios, algunos antihipertensivos o algunos antidiabéticos); fármacos que favorecen la pérdida de agua (como los diuréticos); los que interfieren en la necesaria pérdida de calor (fármacos que reducen la sudoración, como los antihistamínicos, los antidepresivos o los fármacos para el Parkinson) y, por último, los que pueden aumentar de forma indirecta la temperatura corporal (como los antipsicóticos para esquizofrenia, ciertos antidepresivos o fármacos antitusivos como dextrometorfano, o analgésicos como tramadol) que pueden actuar sobre los mecanismos que tiene el cuerpo para regular su temperatura.

Por todo ello, los farmacéuticos aconsejan que si se usa alguno de estos medicamentos durante el verano, es importante beber alrededor de dos litros de agua y otros líquidos y aumentar el consumo de alimentos como frutas y verduras, evitar exponerse directamente al sol durante las horas centrales del día y usar ropa fresca, de tejidos naturales, que permita la sudoración.


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