Hasta hace no mucho, tres eran los servicios/infraestructuras que podían encontrarse en prácticamente la totalidad de pueblos de España: bancos, iglesias y farmacias (en muchos casos, añadan un bar a esta lista).

Ahora, un principal síntoma de la despoblación que sufre el entorno rural —o un municipio concreto — es la desaparición (cierre) de las sucursales bancarias. “El único servicio que se mantiene en el entorno rural es la farmacia. Un pueblo en que cierra su farmacia es un pueblo en el que previamente habrán cerrado los bancos, las escuelas… y al que apenas le quedarán unos años de vida”, señalaba recientemente el senador Carlos Mulet (C’s) durante la defensa de una moción en la Cámara Alta.


Son muchas las funciones y/o responsabilidades que asume, algunas por añadido, la farmacia rural. La principal, la de ser el único servicio sanitario existente para la población allá donde no existen consultorios médicos. Pero existen otras muchas acciones altruistas realizadas en el día a día como consecuencia de la cercanía y confianza que trasmite el profesional: trámites de toda índole a la población más envejecida, etc.


Ahora, la Diputación de Málaga plantea un paso más en este ‘catálogo’ excepcional de servicios y ha diseñado una experiencia piloto en los municipios de Cútar (600 habitantes) y Júzcar (300), ambos en la Serranía de Málaga, para que sus residentes puedan retirar efectivo —hasta un límite de 1.000 euros anuales— en sus farmacias. Este proyecto nace con la colaboración del colegio farmacéutico.

El debate: ¿tergiversa o afianza el rol de las farmacias?

El debate queda, por tanto, servido: ¿tergiversa el rol (sanitario) de la farmacia rural? ¿O la reafirma como mucho más que un centro sanitario en estos entornos? Desde la Diputación se justifica esta iniciativa en el único objetivo de paliar la “exclusión financiera” que genera la despoblación del entorno rural, según apunta en conversación con EG Natacha Rivas, su vicepresidenta cuarta y responsable del Área de Ciudadanía y Atención al Despoblamiento.

Desde la Diputación de Málaga se corrobora ese nexo de unión y arraigo que propician las boticas rurales. “Cuando pensamos en el proyecto, nos planteamos qué tenían en común estos municipios además de su baja población. Y ese punto en común son sus farmacias”, indica Rivas.

Incluso, frente a posibles voces profesionales discrepantes, se indica que “tanto el colegio como las farmacias participantes están encantados de realizar esta ayuda”, confirma Natacha Rivas. Aunque la participación de las farmacias de es voluntaria, recuerdan que también se intenta favorecer una compensación o retorno al titular por su implicación, dado que para poder beneficiarse de este servicio es necesario realizar alguna compra en la botica.

De forma paralela, a los habitantes de estos pueblos se les ofrecerá “educación tecnológica” para que puedan hacer gestiones de forma telemática.